miércoles, 13 de diciembre de 2017

Consejos a los nuevos médicos.

El 3 de diciembre se celebró el dia panamericano del médico. 

Esta semana quiero traer unos consejos que encontré en la red. Desconozco su autor.  Agradecería si me alguien lo sabe para darle los respectivos créditos.

Los siguientes consejos van dedicados a mis colegas, en especial los que apenas empiezan a transitar por este maravilloso mundo de la medicina. 


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1.-Aprende a hacer frente a la incertidumbre.

2.-Duda de lo que te enseñaron, sobre todo si parece inconsistente o incoherente.

3.-Demuestra lo que sabes con humildad. Al fin y al cabo, alguien lo supo antes que tú

4.-Sé tú mismo todo el tiempo. Disfruta.

5.-Trata de practicar la medicina con la misma ética y los principios en que creías que cuando entraste en la facultad. Que nunca te asuste admitir tu ignorancia.

6.-La medicina no es sólo el trabajo clínico, también se ocupa de las relaciones, el trabajo en equipo, sistemas, habilidades de comunicación, investigación, publicaciones, y la evaluación crítica.

7.-Trata a tus pacientes con el mismo cuidado y respeto que lo harías si fueran tus amigos del alma o tu familia.

8.-Más allá de la familia no hay un lazo más estrecho que entre médico y paciente.

9.-No creas todo lo que lees en los periódicos y las revistas médicas.

10.-El objetivo es saber cómo aprender, cómo conseguir información médica relevante, y la forma de evaluar críticamente la información

11.-Las primeras 10 veces que hagas algo -presentarte a un paciente, poner un catéter intravenoso, suturar una laceración- será difícil, así que pasa por esas 10 veces lo más rápido posible.

12.-A pesar de que no deberías tener miedo a decir "no sé" cuando sea apropiado, tampoco hay que tener miedo a estar equivocado.

13.-Valora cada rotación durante tu formación, incluso si no tienes intención de continuar con la especialidad, debido a que estás haciendo cosas y compartiendo experiencias que son únicas.

14.-Cuando tienes un mal día, ya que estás cansado, estresado, quemado por el trabajo, y no te valoran lo suficiente, no olvides que las cosas son mucho peores para la persona en el extremo frío del estetoscopio. El día puede ser malo, pero tú no tienes cáncer de páncreas.




miércoles, 6 de diciembre de 2017

Verdades de la medicina

Este texto lo encontré en Facebook.  Desconozco su autor, sin embargo estaría muy gustoso de dar los créditos respectivos. 

Lo traigo esta semana porque hay pacientes y amigos que están obsesionados por encontrar la futura causa de su muerte.  Buscan desesperadamente un examen o un análisis que les diga de qué se van a morir y evitarlo a toda costa, incluso a pagando el precio de tener vida en constante miedo y zozobra. 



Estimado paciente. 

No obstante el esfuerzo de su médico, debe recordar que: 
  1. La muerte es inevitable. 
  2. La mayor parte de las enfermedades graves no pueden ser evitadas y no tienen cura. 
  3. Mucha de nuestras patologías dependen de nuestro comportamiento.
  4. Los antibióticos no curan la gripe
  5. Las prótesis artificiales se pueden romper
  6. Está demostrado que hacer todos los análisis y estudios del mundo en ausencia de síntomas no disminuye la mortalidad y solo aumenta los gastos
  7. El hospital es el lugar del mundo en donde muere más gente
  8. Todos los medicamentos tienen efectos colaterales
  9. La mejora de las intervenciones sanitarias producen solo beneficios marginales y muchas no funcionan para nada. 
  10. El chequeo puede producir resultados falsos negativos y falsos positivos. 
  11. Todo médico cuando se levanta solo piensa en ir a hacer el bien a sus pacientes. 
  12. El doctor Google no se ha graduado de médico, al contrario, solo causa confusión. 
Por último piense que su médico es sólo un ser humano, no es Dios. 



miércoles, 29 de noviembre de 2017

Ideología de género y control de la natalidad.

Alguna vez escribí en este blog que la homosexualidad era un mecanismo de control de la sobrepoblación. (Lea El homosexualismo como control de a población). En esa entrada explicaba como las especies animales en sobrepoblación comenzaban a tener individuos con conductas homosexuales para evitar la procreación. 

También publiqué un artículo sobre la errónea tendencia a enseñar a los niños que desde el punto de vista biológico no había dos géneros sino uno solo.  (Ver  De ministros y otros géneros

Últimamente parece que el mundo entero está empecinado en mostrar la homosexualidad como un triunfo de la especie humana,  desconociendo que mientras más peligro tiene una especie biológica, mas individuos homosexuales aparecen para evitar la sobrepoblación. 

Hace poco una amiga me ha enviado el siguiente vídeo del doctor Benigno Blanco, que denuncia que la idea de estimular la conducta homosexual se debe a una estrategia mundial de control de la natalidad.   


Aclaro que no es mi interés atacar a los homosexuales.  Ellos merecen todo el respeto y hay que luchar por sus derechos como seres humanos.  Pero hay que entender que la condición de homosexual es el resultado de un fenómeno que ocurre en toda sociedad biológica (animal, vegetal o humana) donde hay riesgo de colapso si no se controla el crecimiento poblacional.  Los homosexuales son necesarios en una especie sobrepoblada. Lo que es inadecuado es producir homosexuales conscientemente como política de Estado.  La misma naturaleza se encargará de eso sin ayuda externa. 

miércoles, 22 de noviembre de 2017

El lápiz labial de mamá. Cuento de Sonia García


Esta semana les traigo un cuento de la escritora antioqueña Sonia Emilce García Sánchez y que fue publicado por el Ministerio de Cultura en la Antología Relata 2017





 El lápiz labial de mamá

Los aromas de especias y carne despertaron en Maú un apetito voraz; sin dar espera, bajó del segundo piso en busca de comida.

La mamá, al ver a Maú saboreándose, partió una manzana en trocitos y, mientras se la entregaba, la acompañó hasta las escalas y le dijo:

—¡Sube!

Maú intentó devolverse, pero, al ver a la mamá con el entrecejo levantado, dio medio giro y subió varios escalones, sin dejar de mirar por intervalos hacia abajo.

Su madre, firme, esperó. Cuando vio que estaba en el último escalón, le ordenó:

—Enciende la tv y mira tu programa favorito.

Maú, al ver que la mamá se alejaba, la imitó, repitiendo entre dientes, con enojo:

—¡Ube!

Al llegar al cuarto de estar prendió el televisor, pero antes de sentarse llevó el plato con los trozos de manzana hasta la nariz. Aspiró con ganas y al no sentir los aromas que le tenían la boca hecha agua, gritó con enojo:

—¡Nooo!

Apagó el televisor de golpe. Con el plato en la mano, salió con la intención de ir a la cocina, pero al cruzar el pasillo vio la puerta del cuarto de sus padres entreabierta. Pensó que allí estaba la mamá, entonces se acercó y la llamó.

La puerta cedió, y el exceso de luz al filtrarse por el ventanal la encandelilló. Maú avanzó. Mientras entreabría los ojos se fue revelando, en un esplendor jamás visto, el tocador de la mamá.

Embelesada, observó cómo los reflejos de luz, juguetones, salían disfrazados de diversos colores al filtrarse por entre las diferentes tapas de los perfumes.

Sus pupilas se iluminaban con cada uno de los destellos que emitían los collares y, coqueta, respondía imitando un guiño.

Luego centró su atención en la bailarina del cofre: ¡Tan bella!, ¡tan sutil!, ¡tan delgada! Tanto que Maú creyó verla danzar sobre un halo de luz.

Y, anhelando ser como ella, dio unos pasitos en punta, pero tropezó.

Contrariada, decidió llamar de nuevo a la mamá. Pero lo hizo casi en susurro.

Al no obtener respuesta, se acercó a la cama, necesitaba liberarse del plato; pero al descargarlo, este se deslizó y los trozos de manzana cayeron en el piso.

Iba a recogerlos cuando vio su rostro en el espejo de tres alas.

Atraída por su imagen, corrió hasta el tocador.

Trepó con dificultada al sillón y, después de menearse varias veces sobre el centro del cojín mullido, se entregó a la tarea de saborear uno a uno los olores de mamá: primero quitó las tapas a cada perfume, luego destapó las cremas de mano y… las de la cara.

Todas las llevó hasta la nariz para percibir sus olores y algunas las untó en las puntas de sus dedos.

Cuando abrió las sombras de ojos, los colores la llenaron de alegría; eran tantos, quería lucirlos todos en sus párpados.

Ya iba a meter el dedo en la sombra de color verde esmeralda, cuando un labial en forma de cisne atrajo su atención. Renunciando a su propósito de maquillar los párpados, lo cogió.

Con el dedo índice, de uña rapada, repasó las alas del ave y, al seguir de abajo hacia arriba el estilizado cuello, la tapa cayó y un delicioso olor a fresa entró por su nariz y la boca se le hizo agua, entonces miró a la sonriente bailarina y, acercándole el labial, exclamó:

—¡Humm, ico!

Sin poder contener la felicidad por estar allí, sentada en el trono de su madre, acercó a la bailarina para besarla, pero al aproximarla sus ojos chispearon, y se detuvo en seco.

Observó la base del cisne que aún conservaba en la mano y la giró:  salió una barra de labial rojo brillante. Entonces lo aproximó y abrió los labios, como lo solía hacer su madre.

Pero, al acercarlo, el olor dulzón de fresa de nuevo le aguó la boca.

Maú tragó de golpe toda la saliva. Al aproximar la barra para aplicarla en sus labios, un deseo devorador la invadió y terminó dándole un pequeño mordisco.

Al mirarse en el espejo vio la marca roja y redonda en el centro de sus labios y se sintió como una marioneta. Sonrió divertida, pero, al ver de nuevo su imagen, notó los dientes rojos, entonces pasó sobre ellos la lengua, y un sabor graso le invadió la boca.

Degustó, pero no encontró un sabor agradable.

Contrariada, miró de nuevo la barra: tan roja, tan suculento su olor…

Iba a llevarla de nuevo a la boca, cuando escuchó a la mamá que, mientras subía las escalas, la llamaba.

Maú saltó de la silla con el labial entre sus manos, y corrió a esconderse debajo de la cama.

Allí, en el fondo, se encogió en posición fetal y empezó a chupar la barra labial.

La mamá entró en la habitación y, al ver los trozos de manzana regados en el suelo, llamó a Maú con tono nervioso.

Maú no respondió.

La mamá recorrió la habitación. Al ver los cosméticos y perfumes destapados, volvió a llamarla, pero esta vez con un tono seco.

Todo estaba en silencio. A Maú ni siquiera se le oía respirar.

Entonces la mamá la buscó en el vestier, en el baño, detrás de las cortinas; al no encontrarla, decidió mirar por debajo de la cama.

Efectivamente allí estaba; le ordenó que saliera, pero Maú no se movió.

La mamá, preocupada, la volvió a llamar. Al no obtener respuesta, decidió meterse debajo de la cama y, como pudo, agarró a Maú por la espalda.

A medida que la iba jalando, sintió a la pequeña fría, rígida y engarrotada.

—¡Maú! —llamó una y otra vez la madre.

Cuando por fin la sacó, notó que Maú seguía encogida en posición fetal.

La giró y, al ver que tenía la boca y sus alrededores rojos, sintió pánico, pues, imaginó que se había ahogado. Sin pensarlo dos veces, la elevó por el aire.

Maú, al sentir que volaba, abrió los ojos, estiró los brazos y, sin soltar la base del cisne, le dio a su madre la mejor sonrisa, enseñando los dientes y la lengua rojos.

La mamá, con sentimientos encontrados, acercó a la  pequeña contra su cara. Maú, sin dejar de sonreír, interpuso entre ellas la base del cisne y llevándolo hasta la nariz de la mamá exclamó:

—¡Humm, ico!





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http://www.mincultura.gov.co/areas/artes/publicaciones/Documents/Antolog%c3%ada%20Relata%202017.pdf


Descargar libro completo aquí

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Sonia Emilce García Sánchez 



Envigado, Antioquia, 1967
Licenciada en Educación Especial de la Universidad de Antioquia. Asesora pedagógica. Gerente administrativa de Todo Stevia S.A.S. 

Ha publicado El zoocielo (2014) Un regalo inusual (2016). “El lápiz labial de mamá” hace parte quince cuentos cortos sobre Maú Down. Algunos de ellos se han publicado en Cuentos para toda clase de niños, de la colección Palabras Rodantes de Comfama y el Metro de Medellín (“Un regalo del cielo”); en la revista digital Gotas de Tinta (revista digital); Antología del taller de escritores, Universidad de Antioquia y Asmedas; Antología del taller de escritores de la Universidad de Antioquia y trabajos del taller II.

Actualmente asiste al taller de creación literaria Comedal.





miércoles, 15 de noviembre de 2017

Medicina y humanismo. Doctor Carlos Presman

La siguiente conferencia fue presentada por el doctor Carlos Presman,  médico internista argentino a quien tuve el placer de conocer en el I Coloquio Iberoamericano de Medicina Narrativa ocurrido en Cali a finales del 2016.

En treinta minutos nos muestra la realidad de nuestra medicina actual y hacia donde debemos ir si queremos que tanto  pacientes como médicos se beneficien de una medicina más humana.

La conferencia se titula  "Hacia donde va la Clínica Médica" y fue difundida por Intramed con motivo de sus 20 años.


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Dr. Carlos Presman
Nació en Córdoba Capital en 1961. Es médico clínico y docente universitario del Hospital Nacional de Clínicas, titular de la cátedra de Smiología. Colabora en medios gráficos, radiales y televisivos en temas de salud. Fue uno de los realizadores del programa radial de humor Los Galenos, que se emitió por radio Universidad (Premio Martín Fierro 1996). Fue columnista del noticiero televisivo Teleocho Noticias y colabora periódicamente en el diario La Voz del Interior. Como escritor publicó la novela Ni vivo ni muerto (Ediciones del Boulevard) que fuera traducida al alemán. Participó de la antología de cuentos Cuarto Oscuro (editorial Raíz de Dos) y es columnista de la revista La Recta. Se confiesa aficionado a las caminatas, bicicleta de montaña y pesca de truchas en las sierras de Córdoba. Presman es autor de los libros "Letra de médico I y II" , la novela "Ni vivo ni muerto" y "Vivir 100 años".

miércoles, 8 de noviembre de 2017

La última pregunta. Cuento de Isaac Asimov.


Hoy les traigo un cuento maestro:  La última pregunta del escritor Isaac Asimov. 

Espero lo disfruten.





La última pregunta 
The last question (1956)



Isaac Asimov




La última pregunta se formuló por primera vez, medio en broma, el 21 de mayo de 2061, en momentos en que la humanidad (también por primera vez) se bañó en luz. La pregunta llegó como resultado de una apuesta por cinco dólares hecha entre dos hombres que bebían cerveza, y sucedió de esta manera:

Alexander Adell y Bertram Lupov eran dos de los fieles asistentes de Multivac. Dentro de las dimensiones de lo humano sabían qué era lo que pasaba detrás del rostro frío, parpadeante e intermitentemente luminoso -kilómetros y kilómetros de rostro- de la gigantesca computadora. Al menos tenían una vaga noción del plan general de circuitos y retransmisores que desde hacía mucho tiempo habían superado toda posibilidad de ser dominados por una sola persona.

Multivac se autoajustaba y autocorregía. Así tenía que ser, porque nada que fuera humano podía ajustarla y corregirla con la rapidez suficiente o siquiera con la eficacia suficiente. De manera que Adell y Lupov atendían al monstruoso gigante solo en forma ligera y superficial, pero lo hacían tan bien como podría hacerlo cualquier otro hombre. La alimentaban con información, adaptaban las preguntas a sus necesidades y traducían las respuestas que aparecían. Por cierto, ellos, y todos los demás asistentes tenían pleno derecho a compartir la gloria de Multivac.

Durante décadas, Multivac ayudó a diseñar naves y a trazar las trayectorias que permitieron al hombre llegar a la Luna, a Marte y a Venus, pero después de eso, los pobres recursos de la Tierra ya no pudieron serles de utilidad a las naves. Se necesitaba demasiada energía para los viajes largos y pese a que la Tierra explotaba su carbón y uranio con creciente eficacia había una cantidad limitada de ambos.


Pero lentamente, Multivac aprendió lo suficiente como para responder a preguntas más complejas en forma más profunda, y el 14 de mayo de 2061 lo que hasta ese momento era teoría se convirtió en realidad.

La energía del Sol fue almacenada, modificada y utilizada directamente en todo el planeta. Cesó en todas partes el hábito de quemar carbón y fisionar uranio y toda la Tierra se conectó con una pequeña estación -de un kilómetro y medio de diámetro- que circundaba el planeta a mitad de distancia de la Luna, para funcionar con rayos invisibles de energía solar.

Siete días no habían alcanzado para empañar la gloria del acontecimiento, y Adell y Lupov finalmente lograron escapar de la celebración pública, para refugiarse donde nadie pensaría en buscarlos: en las desiertas cámaras subterráneas, donde se veían partes del poderoso cuerpo enterrado de Multivac. Sin asistentes, ociosa, clasificando datos con clics satisfechos y perezozos, Multivac también se había ganado sus vacaciones y los asistentes la respetaban y originalmente no tenían intención de perturbarla.

Se habían llevado una botella, y su única preocupación en ese momento era relajarse y disfrutar de la bebida.

-Es asombroso, cuando uno lo piensa -dijo Adell. En su rostro ancho se veían huellas de cansancio, y removió lentamente la bebida con una varilla de vidrio, observando el movimiento de los cubos de hielo en su interior-. Toda la energía que podremos usar de ahora en adelante, gratis. Suficiente energía, si quisiéramos emplearla, como para derretir a toda la Tierra y convertirla en una enorme gota de hierro líquido impuro, y no echar de menos la energía empleada. Toda la energía que podremos usar por siempre y siempre y siempre.

Lupov ladeó la cabeza. Tenía el hábito de hacerlo cuando quería oponerse a lo que oía, y en ese momento quería oponerse; en parte porque había tenido que llevar el hielo y los vasos.

-No para siempre -dijo.

-Ah, vamos, prácticamente para siempre. Hasta que el Sol se apague, Bert.

-Entonces no es para siempre.

-Muy bien, entonces. Durante miles de millones de años. Veinte mil millones, tal vez. ¿Estás satisfecho?

Lupov se pasó los dedos por los escasos cabellos como para asegurarse de que todavía le quedaban algunos y tomó un pequeño sorbo de su bebida.

-Veinte mil millones de años no es “para siempre”.

-Bien, pero superará nuestra época, ¿verdad?

-También la superarán el carbón y el uranio.

-De acuerdo, pero ahora podemos conectar cada nave espacial individualmente con la Estación Solar, y hacer que vaya y regrese de Plutón un millón de veces sin que tengamos que preocuparnos por el combustible. No puedes hacer eso con carbón y uranio. Pregúntale a Multivac, si no me crees.

-No necesito preguntarle a Multivac. Lo sé.

-Entonces deja de quitarle méritos a lo que Multivac ha hecho por nosotros -dijo Adell, malhumorado-. Se portó muy bien.

-¿Quién dice que no? Lo que yo sostengo es que el Sol no durará eternamente. Eso es todo lo que digo. Estamos a salvo por veinte mil millones de años, pero … ¿y luego? -Lupov apuntó con un dedo tembloroso al otro-. Y no me digas que nos conectaremos con otro Sol.

Durante un rato hubo silencio. Adell se llevaba la copa a los labios solo de vez en cuando, y los ojos de Lupov se cerraron lentamente. Descansaron.

De pronto Lupov abrió los ojos.

-Piensas que nos conectaremos con otro Sol cuando el nuestro muera, ¿verdad?

-No estoy pensando nada.

-Seguro que estás pensando. Eres malo en lógica, ese es tu problema. Eres como ese tipo del cuento a quien lo sorprendió un chaparrón, corrió a refugiarse en un monte y se paró bajo un árbol. No se preocupaba porque pensaba que cuando un árbol estuviera totalmente mojado, simplemente iría a guarecerse bajo otro.

-Entiendo -dijo Adell-. No grites. Cuando el Sol muera, las otras estrellas habrán muerto también.

-Por supuesto -murmuró Lupov-. Todo comenzó con la explosión cósmica original, fuera lo que fuese, y todo terminará cuando todas las estrellas se extingan. Algunas se agotan antes que otras. Por Dios, los gigantes no durarán cien millones de años. El Sol durará veinte mil millones de años y tal vez las enanas durarán cien mil millones por mejores que sean. Pero en un trillón de años estaremos a oscuras. La entropía tiene que incrementarse al máximo, eso es todo.

-Sé todo lo que hay que saber sobre la entropía -dijo Adell, tocado en su amor propio.

-¡Qué vas a saber!

-Sé tanto como tú.

-Entonces sabes que todo se extinguirá algún día.

-Muy bien. ¿Quién dice que no?

-Tú, grandísimo tonto. Dijiste que teníamos toda la energía que necesitábamos, para siempre. Dijiste “para siempre”.

Esa vez le tocó a Adell oponerse.

-Tal vez podamos reconstruir las cosas algún día.

-Nunca.

-¿Por qué no? Algún día.

-Nunca.

-Pregúntale a Multivac.

-Pregúntale tú a Multivac. Te desafío. Te apuesto cinco dólares a que no es posible.

Adell estaba lo suficientemente borracho como para intentarlo y lo suficientemente sobrio como para traducir los símbolos y operaciones necesarias para formular la pregunta que, en palabras, podría haber correspondido a esto:

¿Podrá la humanidad algún día, sin el gasto neto de energía, devolver al Sol toda su juventud aun después de que haya muerto de viejo?

O tal vez podría reducirse a una pregunta más simple, como esta: ¿Cómo puede disminuirse masivamente la cantidad neta de entropía del universo?

Multivac enmudeció. Los lentos resplandores cesaron, los clics distantes de los transmisores terminaron. Entonces, mientras los asustados técnicos sentían que ya no podían contener más el aliento, el teletipo adjunto a la computadora cobró vida repentinamente. Aparecieron cinco palabras impresas:

DATOS INSUFICIENTES PARA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

-No hay respuesta -murmuró Lupov.


Salieron apresuradamente. A la mañana siguiente, los dos, con dolor de cabeza y la boca pastosa, habían olvidado el incidente.


*

Jerrod, Jerrodine y Jerrodette I y II observaban la imagen estrellada en la pantalla visora mientras completaban el pasaje por el hiperespacio en un lapso fuera de las dimensiones del tiempo. Inmediatamente, el uniforme polvo de estrellas dio paso al predominio de un único disco de mármol, brillante, centrado.

-Es X-23 – dijo Jerrod con confianza. Sus manos delgadas se entrelazaron con fuerza detrás de su espalda y los nudillos se pusieron blancos. Las pequeñas Jerrodettes, niñas ambas, habían experimentado el pasaje por el hiperespacio por primera vez en su vida. Contuvieron sus risas y se persiguieron locamente alrededor de la madre, gritando:

-Hemos llegado a X-23… hemos llegado a X-23… hemos llegado a X-23… hemos llegado…

-Tranquilas, niñas -dijo rápidamente Jerrodine-. ¿Estás seguro, Jerrod?

-¿De qué hay que estar seguro? -preguntó Jerrod, echando una mirada al tubo de metal justo debajo del techo, que ocupaba toda la longitud de la habitación y desaparecía a través de la pared en cada extremo.Tenía la misma longitud que la nave.

Jerrod sabía poquísimo sobre el grueso tubo de metal excepto que se llamaba Microvac, que uno le hacía preguntas si lo deseaba; que aunque uno no se las hiciera de todas maneras cumplía con su tarea de conducir la nave hacia un destino prefijado, de abastecerla de energía desde alguna de las diversas estaciones de Energía Subgaláctica y de computar las ecuaciones para los saltos hiperespaciales.

Jerrod y su familia no tenían otra cosa que hacer sino esperar y vivir en los cómodos sectores residenciales de la nave.

Cierta vez alguien le había dicho a Jerrod, que el “ac” al final de “Microvac” quería decir “computadora analógica” en inglés antiguo, pero estaba a punto de olvidar incluso eso.

Los ojos de Jerrodine estaban húmedos cuando miró la pantalla.

-No puedo evitarlo. Me siento extraña al salir de la Tierra.

-¿Por qué, caramba? -preguntó Jerrod-. No teníamos nada allí. En X-23 tendremos todo. No estarás sola. No serás una pionera. Ya hay un millón de personas en ese planeta. Por Dios, nuestros bisnietos tendrán que buscar nuevos mundos porque llegará el día en que X-23 estará superpoblado-. Luego agregó, después de una pausa reflexiva: -Te aseguro que es una suerte que las computadoras hayan desarrollado los viajes interestelares, considerando el ritmo al que aumenta la raza.

-Lo sé, lo sé -respondió Jerrodine con tristeza. Jerrodette I dijo de inmediato:

-Nuestra Microvac es la mejor Microvac del mundo.

-Eso creo yo también -repuso Jerrod, desordenándole el pelo.

Era realmente una sensación muy agradable tener una Microvac propia y Jerrod estaba contento de ser parte de su generación y no de otra. En la juventud de su padre las únicas computadoras eran unas enormes máquinas que ocupaban un espacio de ciento cincuenta kilómetros cuadrados.

Solo había una por planeta. Se llamaban ACs Planetarias. Durante mil años habían crecido constantemente en tamaño y luego, de pronto, llegó el refinamiento. En lugar de transistores hubo válvulas moleculares, de manera que hasta la AC Planetaria más grande podía colocarse en una nave espacial y ocupar solo la mitad del espacio disponible.

Jerrod se sentía eufórico siempre que pensaba que su propia Microvac personal era muchísimo más compleja que la antigua y primitiva Multivac que por primera vez había domado al Sol, y casi tan complicada como una AC Planetaria de la Tierra (la más grande) que por primera vez resolvió el problema del viaje interespacial e hizo posibles los viajes a las estrellas.

-Tantas estrellas, tantos planetas -suspiró Jerrodine, inmersa en sus propios pensamientos-. Supongo que las familias seguirán emigrando siempre a nuevos planetas, tal como lo hacemos nosotros ahora.

-No siempre -respondió Jerrod, con una sonrisa-. Todo eso terminará algún día, pero no antes de que pasen billones de años. Muchos billones. Hasta las estrellas se extinguen, ¿sabes? Tendrá que aumentar la entropía.

-¿Qué es la entropía, papá? -preguntó Jerrodette II con voz aguda.

-Entropía, querida, es solo una palabra que significa la cantidad de desgaste del universo. Todo se desgasta, como sabrás, por ejemplo tu pequeño robot radio-teléfono, ¿recuerdas?

-No puedes ponerle una nueva unidad de energía, como a mi robot?

-Las estrellas son unidades de energía, querida. Una vez que se extinguen, ya no hay más unidades de energía.

Jerrodette I lanzó un chillido de inmediato.

-No las dejes, papá. No permitas que las estrellas se extingan.

-Mira lo que has hecho -susurró Jerrodine exasperada.

-¿Cómo podía saber que iba a asustarla? -respondió Jerrod también en un susurro.

-Pregúntale a la Microvac -gimió Jerrodette I-. Pregúntale cómo volver a encender las estrellas.

-Vamos -dijo Jerrodine-. Con eso se tranquilizarán.

Jerrodette II ya se estaba echando a llorar, también. Jerrod se encogió de hombros.

-Ya está bien, queridas. Le preguntaré a Microvac. No se preocupen, ella nos lo dirá.

Le preguntó a la Microvac, y agregó rápidamente:

-Imprimir la respuesta.

Jerrod retiró la delgada cinta de celufilm y dijo alegremente:

-Miren, la Microvac dice que se ocupará de todo cuando llegue el momento, y que no se preocupen.

Jerrodine dijo:

-Y ahora, niñas, es hora de acostarse. Pronto estaremos en nuestro nuevo hogar.

Jerrod leyó las palabras en el celufilm nuevamente antes de destruirlo:

DATOS INSUFICIENTES PARA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

Se encogió de hombros y miró la pantalla. El X-23 estaba exactamente delante.


*

VJ-23X de Lameth miró las negras profundidades del mapa tridimensional en pequeña escala de la Galaxia y dijo:

-¿No será una ridiculez que nos preocupe tanto la cuestión?

MQ-17J de Nicron sacudió la cabeza.

-Creo que no. Sabes que la Galaxia estará llena en cinco años con el actual ritmo de expansión.

Los dos parecían jóvenes de poco más de veinte años. Ambos eran altos y de formas esbeltas.

-Sin embargo -dijo VJ-23X- me resisto a presentar un informe pesimista al Consejo Galáctico.

-Yo no pensaría en presentar ningún otro tipo de informe. Tenemos que inquietarlos un poco. No hay otro remedio.

VJ-23X suspiró.

-El espacio es infinito. Hay cien billones de galaxias disponibles.

-Cien billones no es infinito, y cada vez se hace menos infinito.

¡Piénsalo! Hace veinte mil años, la humanidad resolvió por primera vez el problema de utilizar energía estelar, y algunos siglos después se hicieron posibles los viajes interestelares. A la humanidad le llevó un millón de años llenar un pequeño mundo y luego solo quince mil años llenar el resto de la Galaxia. Ahora la población se duplica cada diez años…

VJ-23X lo interrumpió:

-Eso debemos agradecérselo a la inmortalidad.

-Muy bien. La inmortalidad existe y debemos considerarla. Admito que esta inmortalidad tiene su lado complicado. La Galáctica AC nos ha solucionado muchos problemas, pero al resolver el problema de evitar la vejez y la muerte, anuló todas las otras soluciones.

-Sin embargo, no creo que desees abandonar la vida.

-En absoluto -saltó MQ-17J, y luego se suavizó de inmediato-. No todavía. No soy tan viejo. ¿Cuántos años tienes tú?

-Doscientos veintitrés. ¿Y tú?

-Yo todavía no tengo doscientos. Pero, volvamos a lo que decía. La población se duplica cada diez años. Una vez que se llene la galaxia, habremos llenado otra en diez años. Diez años más y habremos llenado dos más. Otra década, cuatro más. En cien años, habremos llenado mil galaxias; en mil años, un millón de galaxias. En diez mil años, todo el universo conocido. Y entonces, ¿qué?

VJ-23X dijo:

-Como problema paralelo está el del transporte. Me pregunto cuántas unidades de energía solar se necesitarán para trasladar galaxias de individuos de una galaxia a la siguiente.

-Muy buena observación. La humanidad ya consume dos unidades de energía solar por año.

-La mayor parte de esta energía se desperdicia. Al fin y al cabo, nuestra propia galaxia sola gasta mil unidades de energía solar por año, y nosotros solamente usamos dos de ellas.

-De acuerdo, pero aun con una eficiencia de un cien por ciento, solo podemos postergar el final. Nuestras necesidades energéticas crecen en progresión geométrica, y a un ritmo mayor que nuestra población. Nos quedaremos sin energía todavía más rápido que sin galaxias. Muy buena observación. Muy, muy buena observación.

-Simplemente tendremos que construir nuevas estrellas con gas interestelar.

-¿O con calor disipado? -preguntó MQ-17J, con tono sarcástico.

-Puede haber alguna forma de revertir la entropía. Tenemos que preguntárselo a Galáctica AC.

VJ-23X no hablaba realmente en serio, pero MQ-17J sacó su contacto AC del bolsillo y lo colocó sobre la mesa frente a él.

-No me faltan ganas -dijo-. Es algo que la raza humana tendrá que enfrentar algún día.

Miró sombríamente su pequeño contacto AC. Era un objeto de apenas cinco centímetros cúbicos, nada en sí mismo, pero estaba conectado a través del hiperespacio con la gran Galáctica AC que servía a toda la humanidad y, a su vez era parte integral suya.

MQ-17J hizo una pausa para preguntarse si algún día, en su vida inmortal, llegaría a ver a Galáctica AC. Era un pequeño mundo propio, una telaraña de rayos de energía que contenía la materia dentro de la cual las oleadas de submesones ocupaban el lugar de las antiguas y pesadas válvulas moleculares. Sin embargo, a pesar de esos funcionamientos subetéreos, se sabía que la Galáctica AC tenía mil diez metros de ancho.

Repentinamente MQ-17J preguntó a su contacto AC:

-¿Es posible revertir la entropía?

VJ-23X, sobresaltado, dijo de inmediato:

-Ah, mira, realmente yo no quise decir que tenías que preguntar eso.

-¿Por qué no?

-Los dos sabemos que la entropía no puede revertirse. No puedes volver a convertir el humo y las cenizas en un árbol.

-¿Hay árboles en tu mundo? -preguntó MQ-17J.

El sonido de la Galáctica AC los sobresaltó y les hizo guardar silencio. Se oyó su voz fina y hermosa en el contacto AC en el escritorio. Dijo:

DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

VJ-23X dijo:

-¡Ves!
Entonces los dos hombres volvieron a la pregunta del informe que tenían que hacer para el Consejo Galáctico.



*

La mente de Zee Prime abarcó la nueva galaxia con un leve interés en los incontables racimos de estrellas que la poblaban. Nunca había visto eso antes. ¿Alguna vez las vería todas? Tantas estrellas, cada una con su carga de humanidad… una carga que era casi un peso muerto. Cada vez más, la verdadera esencia del hombre había que encontrarla allá afuera, en el espacio.

¡En las mentes, no en los cuerpos! Los cuerpos inmortales permanecían en los planetas, suspendidos sobre los eones. A veces despertaban a una actividad material pero eso era cada vez más raro. Pocos individuos nuevos nacían para unirse a la multitud increíblemente poderosa, pero,¿qué importaba? Había poco lugar en el universo para nuevos individuos.

Zee Prime despertó de su ensoñación al encontrarse con los sutiles manojos de otra mente.

-Soy Zee Prime. ¿Y tú?

-Soy Dee Sub Wun. ¿Tu galaxia?

-Solo la llamamos Galaxia. ¿Y tú?

-Llamamos de la misma manera a la nuestra. Todos los hombres llaman Galaxia a su galaxia, y nada más. ¿Por qué será?

-Porque todas las galaxias son iguales.

-No todas. En una galaxia en particular debe de haberse originado la raza humana. Eso la hace diferente.

Zee Prime dijo:

-¿En cuál?

-No sabría decirte. La Universal AC debe de estar enterada.

-¿Se lo preguntamos? De pronto tengo curiosidad por saberlo.

Las percepciones de Zee Prime se ampliaron hasta que las galaxias mismas se encogieron y se convirtieron en un polvo nuevo, más difuso, sobre un fondo mucho más grande. Tantos cientos de billones de galaxias, cada una con sus seres inmortales, todas llevando su carga de inteligencias, con mentes que vagaban libremente por el espacio. Sin embargo una de ellas era única entre todas por ser la Galaxia original. Una de ellas tenía en su pasado, vago y distante, un período en que había sido la única galaxia poblada por el hombre.

Zee Prime se consumía de curiosidad por ver esa galaxia y gritó:

-¡Universal AC! ¿En qué galaxia se originó el hombre?

La Universal AC oyó, porque en todos los mundos tenía listos sus receptores, y cada receptor conducía por el hiperespacio a algún punto desconocido donde la Universal AC se mantenía independiente.

Zee Prime solo sabía de un hombre cuyos pensamientos habían penetrado a distancia sensible de la Universal AC, y solo informó sobre un globo brillante, de sesenta centímetros de diámetro, difícil de ver.

-¿Pero cómo puede ser eso toda la Universal AC? -había preguntado Zee Prime.

-La mayor parte -fue la respuesta- está en el hiperespacio. No puedo imaginarme en qué forma está allí.

Nadie podía imaginarlo, porque hacía mucho que había pasado el día –y eso Zee Prime lo sabía- en que algún hombre tuvo parte en construir la Universal AC. Cada Universal AC diseñaba y construía a su sucesora. Cada una, durante su existencia de un millón de años o más, acumulaba la información necesaria como para construir una sucesora mejor, más intrincada, más capaz en la cual dejar sumergido y almacenado su propio acopio de información e individualidad.

La Universal AC interrumpió los pensamientos erráticos de Zee Prime, no con palabras, sino con directivas. La mentalidad de Zee Prime fue dirigida hacia un difuso mar de galaxias donde una en particular se agrandaba hasta convertirse en estrellas.

Llegó un pensamiento, infinitamente distante, pero infinitamente claro:

ESTA ES LA GALAXIA ORIGINAL DEL HOMBRE.

Pero era igual, al fin y al cabo, igual que cualquier otra, y Zee Prime resopló de desilusión.

Dee Sub Wun, cuya mente había acompañado a Zee Prime, dijo de pronto:

-¿Y una de estas estrellas es la estrella original del hombre?

La Universal AC respondió:

LA ESTRELLA ORIGINAL DEL HOMBRE SE HA HECHO NOVA. ES UNA ENANA BLANCA.

-¿Los hombres que la habitaban murieron? -preguntó Zee Prime, sobresaltado y sin pensar.

La Universal AC respondió:

COMO SUCEDE EN ESTOS CASOS UN NUEVO MUNDO PARA SUS CUERPOS FÍSICOS FUE CONSTRUIDO A TIEMPO.

– Sí, por supuesto -dijo Zee Prime, pero aun así lo invadió una sensación de pérdida. Su mente dejó de centrarse en la galaxia original del hombre, y le permitió volver y perderse en pequeños puntos nebulosos.

No quería volver a verla.

Dee Sub Wun dijo:

-¿Qué sucede?

-Las estrellas están muriendo. La estrella original ha muerto.

-Todas deben morir. ¿Por qué no?

-Pero cuando toda la energía se haya agotado, nuestros cuerpos finalmente morirán, y tú y yo con ellos.

-Llevará billones de años.

-No quiero que suceda, ni siquiera dentro de billones de años. ¡Universal AC! ¿Cómo puede evitarse que las estrellas mueran?

Dee Sub Wun dijo, divertido:

-¿Estás preguntando cómo podría revertirse la dirección de la entropía.

Y la Universal AC respondió:

TODAVÍA HAY DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

Los pensamientos de Zee Prime volaron a su propia galaxia. Dejó de pensar en Dee Sub Wun, cuyo cuerpo podría estar esperando en una galaxia a un trillón de años luz de distancia, o en la estrella siguiente a la de Zee Prime. No importaba.

Con aire desdichado, Zee Prime comenzó a recoger hidrógeno interestelar con el cual construir una pequeña estrella propia. Si las estrellas debían morir alguna vez, al menos podrían construirse algunas.


*

El Hombre, mentalmente, era uno solo, y estaba conformado por un trillón de trillones de cuerpos sin edad, cada uno en su lugar, cada uno descansando, tranquilo e incorruptible, cada uno cuidado por autómatas perfectos, igualmente incorruptibles, mientras las mentes de todos los cuerpos se fusionaban libremente entre sí, sin distinción.

El Hombre dijo:

-El Universo está muriendo.

El Hombre miró a su alrededor a las galaxias cada vez más oscuras. Las estrellas gigantes, muy gastadoras, se habían ido hace rato, habían vuelto a lo más oscuro de la oscuridad del pasado distante. Casi todas las estrellas eran enanas blancas, que finalmente se desvanecían.

Se habían creado nuevas estrellas con el polvo que había entre ellas, algunas por procesos naturales, otras por el Hombre mismo, y también se estaban apagando. Las enanas blancas aún podían chocar entre ellas, y de las poderosas fuerzas así liberadas se construirían nuevas estrellas, pero una sola estrella por cada mil estrellas enanas blancas destruidas, y también estas llegarían a su fin.

El Hombre dijo:

-Cuidadosamente administrada y bajo la dirección de la Cósmica AC, la energía que todavía queda en todo el universo, puede durar billones de años. Pero aun así eventualmente todo llegará a su fin. Por mejor que se la administre, por más que se la racione, la energía gastada desaparece y no puede ser repuesta. La entropía aumenta continuamente.

El Hombre dijo:

-¿Es posible revertir la entropía? Preguntémosle a la Cósmica AC.

La AC los rodeó pero no en el espacio. Ni un solo fragmento de ella estaba en el espacio. Estaba en el hiperespacio y hecha de algo que no era materia ni energía. La pregunta sobre su tamaño y su naturaleza ya no tenía un sentido comprensible para el Hombre.

-Cósmica AC -dijo el Hombre- ¿cómo puede revertirse la entropía?

La Cósmica AC dijo:

LOS DATOS SON TODAVÍA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

El Hombre ordenó:

-Recoge datos adicionales.

La Cósmica AC dijo:

LO HARÉ. HACE CIENTOS DE BILLONES DE AÑOS QUE LO HAGO. MIS PREDECESORES Y YO HEMOS ESCUCHADO MUCHAS VECES ESTA PREGUNTA. TODOS LOS DATOS QUE TENGO SIGUEN SIENDO INSUFICIENTES.

-¿Llegará el momento -preguntó el Hombre- en que los datos sean suficientes o el problema es insoluble en todas las circunstancias concebibles?

La Cósmica AC dijo:

NINGÚN PROBLEMA ES INSOLUBLE EN TODAS LAS CIRCUNSTANCIAS CONCEBIBLES.

El Hombre preguntó:

-¿Cuándo tendrás suficientes datos para responder a la pregunta?

La Cósmica AC respondió:

LOS DATOS SON TODAVÍA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

-¿Seguirás trabajando en esto? -preguntó el Hombre.

La Cósmica AC respondió:

SÍ.

El Hombre dijo:

-Esperaremos.

*

Las estrellas y las galaxias murieron y se convirtieron en polvo, y el espacio se volvió negro después de tres trillones de años de desgaste. Uno por uno, el Hombre se fusionó con la AC, cada cuerpo físico perdió su identidad mental en forma tal que no era una pérdida sino una ganancia. La última mente del Hombre hizo una pausa antes de la fusión, contemplando un espacio que solo incluía la borra de la última estrella oscura y nada aparte de esa materia increíblemente delgada, agitada al azar por los restos de un calor que se gastaba, asintóticamente, hasta llegar al cero absoluto.

El Hombre dijo:

-AC, ¿es este el final? ¿Este caos no puede ser revertido al universo una vez más? ¿Esto no puede hacerse?

AC respondió:

LOS DATOS SON TODAVÍA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.

La última mente del Hombre se fusionó y solo AC existió en el hiperespacio.
*


La materia y la energía se agotaron y con ellas el espacio y el tiempo. Hasta AC existía solamente para la última pregunta que nunca había sido respondida desde la época en que dos técnicos en computación medio alcoholizados, tres trillones de años antes, formularon la pregunta en la computadora que era para AC mucho menos de lo que para un hombre el Hombre.

Todas las otras preguntas habían sido contestadas, y hasta que esa última pregunta fuera respondida también, AC no podría liberar su conciencia.

Todos los datos recogidos habían llegado al fin. No quedaba nada para recoger.

Pero toda la información reunida todavía tenía que ser completamente correlacionada y unida en todas sus posibles relaciones.

Se dedicó un intervalo sin tiempo a hacer esto.

Y sucedió que AC aprendió cómo revertir la dirección de la entropía.

Pero no había ningún Hombre a quien AC pudiera dar la respuesta a la última pregunta. No había materia. La respuesta -por demostración- se ocuparía de eso también.

Durante otro intervalo sin tiempo, AC pensó en la mejor forma de hacerlo.

Cuidadosamente, AC organizó el programa.

La conciencia de AC abarcó todo lo que alguna vez había sido un Universo y pensó en lo que en ese momento era el Caos. Debía hacerse paso a paso.

Y AC dijo:

¡HÁGASE LA LUZ!

Y la luz se hizo…

FIN




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Isaac Asimov  (1920-1992)




Escritor y científico de origen ruso, nacionalizado estadounidense. Uno de los principales divulgadores de la ciencia, la historia y la literatura de ciencia ficción en el siglo XX.  



La última pregunta fue publicada bajo el nombre de "The last question" en 1956


Pueden encontrar otro de sus cuentos en este blog: Sueños de robot haciendo click en el enlace. 




miércoles, 1 de noviembre de 2017

Signos de interrogación y admiración.


Como escritor, por mucho tiempo me había preguntado por qué en el idioma español se iniciaba una pregunta con signos de interrogación mientras que en el inglés y francés no. Sin embargo la respuesta la intuía cuando leía mis textos en un grupo de escritores.   Era claro que desde el principio de la frase (en especial las largas) había que marcar el tono de pregunta.   Eso hacía la diferencia en la lectura.   

A continuación trascribo el texto de un blog que da la respuesta. 

Por qué el español es la única lengua que utiliza signos de interrogación (¿?) y admiración (¡!) dobles






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¿Sabías que los signos de inicio de exclamación e interrogación solo se usan en español?

El de interrogación sirve para indicar, a la hora de escribir, que se trata de una pregunta y que hay por tanto que leerla con entonación interrogativa.
El de exclamación revela que se debe de alzar la voz y enfatizar la frase, para de ese modo expresar sorpresa, asombro, alegría, súplica, mandato, deseo…
Pero, ¿qué tienen los signos de interrogación y de exclamación en español que los hacen tan deliciosamente singulares? ¡Tienen una particularidad, algo que los hace absolutamente únicos!
El español es la única lengua en la que los signos de interrogación y de exclamación son dobles, es decir, se colocan no sólo al final de la frase (como ocurre en el inglés el francés o el alemán, por citar sólo algunos ejemplos) sino también al inicio de la misma.
Sólo en el castellano existen los símbolos “¿” y “¡”, los signos que se emplean como apertura de interrogación y al inicio de una frase admirativa.
¡Increíble!, ¿a que sí?

Carolingios





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En la primera edición de la Ortografía de la Real Academia de la Lengua aún aparece sólo un signo de interrogación, el final.

La historia de esos dos signos, sin embargo, es antigua. El signo de admiración ya se encuentra en manuscritos latinos medievales y, a decir de la Real Academia de la Lengua, el de interrogación se lo debemos a los carolingios, la dinastía de origen francés que dominó Europa Occidental entre los siglos VIII y X.
Pero, en sus orígenes, esos dos signos se empleaban únicamente al final de las frases.
Tardaron bastante en empezar a utilizarse también en la apertura de las frases interrogativas y exclamativas. De hecho, fue sólo en la segunda edición de la Ortografía de la Real Academia de la Lengua, publicada en 1754, cuando el signo de inicial de interrogación hizo su irrupción.
Los académicos estuvieron debatiendo largamente sobre el asunto y llegaron a la conclusión de que el signo de interrogación final no bastaba, sobre todo en ciertas frases largas.
“Por lo tocante a la nota de interrogación se tuvo presente que, además del uso que tiene en fin de oración, hay periodos o cláusulas largas en que no basta la nota que se pone al fin y es necesario desde el principio indicar el sentido y tono interrogante con que debe leerse, por lo que la Academia acuerda que, en estos casos, se use la misma nota interrogante poniéndola tendida sobre la primera voz de la cláusula o periodo con lo que se evitará la confusión y aclarará el sentido y tono que corresponde. Y aunque esto es novedad, ha creído la Academia no debe excusarla siendo necesaria y conveniente”, se lee en el acta de una de las reuniones que mantuvieron.
Con ese argumento, el 17 de octubre de 1753 los académicos tomaron una decisión histórica: habría también signos de interrogación de apertura que se colocarían al comienzo de las frases interrogativas, y que se señalaría con el mismo signo que ya existía pero invertido.


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Oraciones largas y cortas

Y así lo recogieron en la Ortografía de 1754, en la que el uso del signo de interrogación inicial se restringía a las oraciones largas, mientras que en el caso de las breves se seguía empleando sólo el signo interrogativo de cierre.
Pero, ¿cuándo una frase es corta y cuándo se convierte en larga? Cada uno lo interpretaba un poco a su antojo, así que en 1870 la Academia decidió poner orden en el asunto y en la primera edición de su prontuario de ortografía de la lengua castellana adoptó el criterio actual.
Es decir: que el signo de interrogación inicial se debe emplear en todas, absolutamente todas las frases interrogativas, independientemente de su extensión.
“Esto no es más que otra muestra del tradicional deseo de los ortógrafos españoles por representar la lengua de la manera más fiable y adecuada a la pronunciación”, subraya María José Folgado, experta en historia de la gramática e historiografía lingüística de la Universidad de Valencia en su estudio “Los signos de interrogación en las ortografías del español”.


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De admiración a exclamación

Respecto al signo de exclamación, llegó a los tratados de ortografía un poco más tarde que el de interrogación, bajo el nombre de signo de admiración.
Es en el Diccionario de 1726 cuando se hace la primera referencia ortográfica a él: “se llama una nota, que en el periodo significa el efecto de la admiración, y se escribe con una i vuelta al revés: como Oh cuán bueno es Dios!”.
Aunque ya en la siguiente edición, la de 1770, se subraya que “de algún tiempo a esta parte se acostumbra poner inversa así (¡) antes de la voz en que comienza este sentido y tono, cuando los periodos son largos”.
Su reconocimiento oficial como signo doble llegó al Diccionario en 1884. Pero fue sólo en 2014, en la 23ª edición del diccionario de la Real Academia, cuando ese signo fue rebautizado como signo de exclamación en lugar de admiración, después de que varios autores subrayaran que la admiración es sólo uno de los sentimientos que se pueden expresar con este signo y que lo que importante era su tono exclamativo.

Sólo en español



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A día de hoy, la Academia de la Lengua tiene muy claro el uso correcto de los signos de interrogación y exclamación. Para empezar, subraya que “Los signos de apertura (¿ ¡) son característicos del español y no deben suprimirse por imitación de otras lenguas en las que únicamente se coloca el signo de cierre”.
Escribir por tanto “Qué hora es?” o “Qué alegría verte!” es incorrecto, lo correcto es “¿Qué hora es?” y “¡Qué alegría verte!”.
Los signos de interrogación y de exclamación se escriben pegados a la primera y la última palabra del período que enmarcan, y separados por un espacio de las palabras que los preceden o los siguen; pero si lo que sigue al signo de cierre es otro signo de puntuación, no se deja espacio entre ambos.
Un ejemplo: “¡Caramba!, ¿son ya las tres?; se me ha hecho tardísimo”.
Tras los signos de cierre puede colocarse cualquier signo de puntuación, excepto un punto ya que, como señala la Academia, cuando la interrogación o la exclamación terminan un enunciado sus signos de cierre equivalen a un punto.
Los signos de apertura (¿ ¡) se han de colocar justo donde empieza la pregunta o la exclamación, aunque no se corresponda con el inicio del enunciado. En ese caso, la interrogación o la exclamación se inician con minúscula.


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¿Un ejemplo? Ahí va: “Por lo demás, ¿qué aspecto tenía tu hermano?”. “Si encuentras trabajo, ¡qué celebración vamos a hacer!”
Es posible escribir dos o tres signos de exclamación para indicar mayor énfasis en la entonación exclamativa: ¡¡¡Traidor!!!
Y, finalmente, también se pueden combinar los de interrogación con los de exclamación, siempre y cuando los signos de cierres sean simétricos a los de apertura. ¡¡¿¿De verdad piensas eso??!!
Fuente:  Aldea viral